La competitividad económica de México atrae la atención del sector industrial
México dio un paso decisivo para situarse en la senda que le llevaría a convertirse en un actor económico importante en el ámbito norteamericano y mundial al firmar el TLCAN en 1994.
En los cinco años siguientes a la firma del acuerdo comercial internacional, el PIB del país creció casi un 4 %, y su cuota en el mercado estadounidense de importación de productos manufacturados aumentó del 7 % en 1994 al 13 % en 2001. Sin embargo, la competitividad económica de México sufrió un revés cuando China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, lo que redujo muchas barreras a las exportaciones chinas. En tan solo cuatro años, las exportaciones manufactureras chinas a EE. UU. crecieron a una tasa media anual del 24 %, mientras que el crecimiento de las exportaciones de México se redujo del 20 % anual al 3 % de media. La nueva realidad era que la cuota de China en las importaciones de productos manufacturados de EE. UU. casi se había duplicado en 2005, y los avances que México había logrado desde 1994 se vieron gravemente mermados.
Hoy amanece una nueva etapa para la economía mexicana. Las recientes reformas han sabido aprovechar un cambio en la situación económica mundial. Aunque China no está renunciando por completo a su posición, la competitividad económica de México ha experimentado, no obstante, un notable resurgimiento, especialmente en el sector manufacturero. Desde 2007, las exportaciones manufactureras de México han pasado del 11 % del mercado de importación estadounidense a un máximo histórico del 14,4 %. El principal motor de este repunte han sido los mercados de exportación de productos electrónicos, telecomunicaciones y equipos de transporte. De hecho, México se convirtió en 2009 en el principal exportador mundial de televisores de pantalla plana. Entre 2005 y 2012, la cuota de mercado de México en las importaciones del sector automovilístico estadounidense aumentó casi un 9 %.
Las razones del aumento de la competitividad económica de México son múltiples. Mientras que los salarios del sector manufacturero en China aumentaron casi un 20 % anual en términos de dólares entre 2003 y 2011, los salarios medios del sector manufacturero en México se mantuvieron prácticamente constantes en términos de dólares. Además, los trabajadores mexicanos suelen producir ahora más por hora que sus homólogos chinos, lo que ha llevado a los analistas del Boston Consulting Group a predecir que los salarios en las fábricas mexicanas serán casi un 30 % más bajos que los de China para 2015, una vez tenidas en cuenta las diferencias de productividad.
Otro factor que ha contribuido al resurgimiento económico de México es la proximidad del país a la mayor economía de consumo del mundo. A medida que los precios del combustible se cuadruplicaron durante la última década, muchas empresas consideraron que los costes de envío y transporte de la producción transoceánica resultaban prohibitivos. Esto ha beneficiado especialmente a México en lo que respecta a productos que requieren una entrega rápida, así como a productos pesados y voluminosos. La rapidez de comercialización ha cobrado mayor importancia, ya que muchas empresas estadounidenses compran sus materiales en lugar de fabricarlos y han adoptado procedimientos de fabricación «justo a tiempo» para reducir los costes de inventario. Esta necesidad de entregas precisas y puntuales hace que México sea la ubicación preferida por muchas empresas.
Hay muchos otros factores que influyen en el reciente aumento de la competitividad económica de México. La comodidad de operar en los mismos pocos husos horarios supone un gran atractivo para los ejecutivos de las empresas estadounidenses. El reconocido compromiso de México con la protección de las tecnologías propias y la propiedad intelectual también ha contribuido a atraer una importante inversión extranjera directa (IED). Los acuerdos comerciales del país con más de 40 naciones garantizan que la fabricación en México resulte estratégicamente interesante para los actores internacionales y ha potenciado la competitividad económica mexicana a nivel mundial. Estos factores, junto con las recientes reformas estructurales, seguirán haciendo de México un mercado verdaderamente competitivo.