Se prevé que, para finales de 2015, las exportaciones de la industria automovilística mexicana adquiridas por los consumidores de Estados Unidos superen a las fabricadas y enviadas a ese país desde Japón. En otras palabras, México está a punto de convertirse en el principal proveedor de automóviles importados del mercado estadounidense. La actividad de este sector está modificando algunas de las dinámicas de la economía mexicana.

En los últimos años, el crecimiento de la industria automovilística mexicana ha avanzado a un ritmo acelerado. La mayor parte de la actividad del sector registrada en los últimos años se ha concentrado en la región centro-sur del país, principalmente en los estados de Guanajuato, Querétaro y Aguascalientes.

Tras la firma del TLCAN en 1994, México representaba solo el seis por ciento de la producción de vehículos ligeros de América del Norte. Hoy en día, esa cifra se sitúa en el diecinueve por ciento. El crecimiento del sector desde 2007 hasta la actualidad ha sido especialmente sólido, con un aumento del treinta y nueve por ciento, hasta alcanzar un nivel de producción de aproximadamente tres millones de unidades. Gracias a este aumento de la inversión, la creación de empleo y la actividad exportadora, los ingresos generados por las ventas al exterior de automóviles fabricados en México, principalmente en EE. UU., han convertido a la industria en la mayor fuente de reservas de divisas del país. La industria automovilística mexicana ha sustituido al petróleo y a las remesas de los emigrantes como principal fuente de ingresos del país.

Desde 2008, el empleo en la industria automovilística del país ha aumentado en 100 000 trabajadores. En la actualidad, el número aproximado de personas empleadas en las plantas de fabricación de vehículos ligeros de propiedad extranjera asciende a 580 000.

En el lado negativo, hay quienes critican la estructura salarial imperante en la industria automovilística mexicana, donde los trabajadores de la cadena de montaje suelen ganar dieciséis dólares al día. En respuesta a quienes se centran únicamente en esta cuestión, Eduardo Solís, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, señala que hacerlo supone adoptar una visión «miope» de la importancia de la industria para el desarrollo del país y de la capacidad productiva de los mexicanos.

Debido al crecimiento de la industria automovilística en México, el sistema educativo del país está formando a un amplio grupo de jóvenes ingenieros y técnicos que constituyen la base de una parte significativa de la clase media en expansión del país. México también está dando pasos para convertirse en una fuente de talento en el ámbito del diseño de la industria automovilística.

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