En la década de los noventa se produjo un cambio drástico en la producción, que pasó de las plantas nacionales de América del Norte a las de la China en desarrollo. En aquella época, los costes laborales en China eran minúsculos y la economía ofrecía una mano de obra aparentemente ilimitada. Pero eso era entonces. Ahora es ahora. En la actualidad, asistimos a un cambio en sentido contrario: las empresas están trasladando su producción de China a México. Los argumentos a favor del «nearshoring» (deslocalización cercana) se han vuelto más convincentes últimamente.

Hace una década, los salarios mexicanos eran un 600 % más altos que los que se pagaban a los trabajadores del sector manufacturero en China. Sin embargo, hoy en día solo son un 30 % más altos. Algunos analistas, entre ellos los del Boston Consulting Group, creen que esta fuerte tendencia hará que, de aquí a tan solo dos años, los salarios mexicanos sean un 30 % inferiores a los chinos. Es más, los fabricantes estadounidenses han descubierto que los trabajadores mexicanos suelen ser más productivos que sus homólogos chinos, lo que se traduce en un mayor retorno de la inversión. Además, es importante recordar que China ha estado devaluando artificialmente el yuan y que, a medida que la principal economía del Lejano Oriente sigue creciendo, el valor de la moneda china frente al dólar estadounidense continúa subiendo poco a poco, mientras que el del peso mexicano, con toda probabilidad, se mantendrá estable. El dólar no rinde ni de lejos tanto en China como lo hacía hace una década, pero en México, un dólar estadounidense sigue equivaliendo a entre 18 y 20 pesos. También por esta razón, la tendencia de las empresas a trasladar su producción de China a México ha cobrado impulso en los últimos años.

Muchos fabricantes están empezando a reconocer de nuevo que hay varios factores relacionados con la ubicación que hacen de México un país estratégicamente más adecuado para invertir que China. Por ejemplo, con los precios del combustible en constante alza, muchas empresas están sintiendo la presión en lo que respecta a los costes de transporte y de la cadena de suministro. Se necesita un presupuesto mucho mayor para enviar mercancías a través del Pacífico (lo que implica largos tiempos de tránsito y de almacenamiento de existencias) que para trasladar los productos a través de la frontera directamente a la mayor economía de consumo del mundo. Esto constituye otro importante impulso que puede llevar a las empresas a trasladar su producción de China a México.

Trasladar la producción de China a México también supone un ahorro en los gastos de viaje de los directivos, lo que se traduce en una supervisión mayor y más eficaz de las operaciones y, por lo tanto, en una mayor calidad de la producción y un aumento de la productividad. Además, los directivos no se agotarán tan rápidamente, ya que no tendrán que adaptarse tanto al horario de Estados Unidos como al de Pekín.

Sin embargo, es la situación única de libre comercio que el país se ha creado por sí mismo la que, potencialmente, representa el mayor incentivo para que las empresas trasladen su producción de China a México. Como miembro del TLCAN, México ofrece a los fabricantes la ventaja de no tener que pagar derechos de aduana ni aranceles protectores elevados. De hecho, México tiene acuerdos de libre comercio con más países que casi cualquier otro país del mundo, lo que lo convierte en una base perfecta desde la que exportar a otros países además de EE. UU. Y dado que México cuenta con un sistema de fabricación de maquila consolidado desde hace casi 50 años, fabricar justo al sur de la frontera no conlleva ninguna de las sorpresas burocráticas, culturales o normativas que supone la externalización al otro lado del Pacífico.