La transferencia de tecnología al sector energético mexicano es un elemento fundamental para garantizar el éxito de las recientes reformas.

Hace dos años, México puso en marcha reformas de gran alcance en varios sectores importantes de la economía del país, entre ellos uno de los más críticos: el energético. Estas reformas, que pusieron fin a un monopolio de siete décadas sobre la producción de petróleo y gas natural por parte de la empresa estatal Pemex, dieron lugar a la apertura del sector a la inversión tanto extranjera como nacional. La reforma supuso un paso en la dirección correcta para eliminar los obstáculos que impedían la libre circulación de capital y tecnología en el mercado. Pero los críticos se preguntan ahora: ¿es realmente suficiente?

Preocupaciones del sector energético

Una de las principales preocupaciones para la industria nacional es la cuestión de la transferencia de tecnología al sector energético mexicano; concretamente, ¿cómo transferirán las empresas petroleras internacionales (EPI) la tecnología a los centros de investigación y a las empresas de México? ¿Qué marco institucional facilitará este cambio? Con el fin de revitalizar su potencial en materia de hidrocarburos, México ha apostado por el libre mercado y la desregulación para impulsar la industria del país al siguiente nivel. Esto se debe, en parte, a una serie de preocupaciones a las que se enfrenta este país en desarrollo:

  • A pesar de su enfoque en la formación técnica, la demanda está superando la capacidad de México para formar a nuevos profesionales;
  • Las reservas en aguas profundas siguen suponiendo un reto para la capacidad de las industrias nacionales. Por ello, la transferencia de tecnología al sector energético mexicano en este ámbito es fundamental;
  • El sector energético nacional de México no cuenta con una base sólida de servicios y proveedores especializados.

Sin embargo, los críticos consideran que esto podría no ser suficiente para influir de manera óptima en la transferencia de tecnología al sector energético mexicano. Algunos señalan diversos retos, como la incapacidad histórica de las industrias maquiladoras para incorporar más del 5 % de insumos nacionales en sus productos, la reciente caída de los precios de la energía a nivel mundial y el volumen relativamente bajo de inversión en I+D que se destina actualmente a nivel nacional.

Disposiciones de la reforma energética

Aunque la reforma energética de México supone un paso en la dirección correcta, sí que contiene algunos elementos de una política industrial impulsada por el Estado y dirigida por los Ministerios de Economía y de Energía. Esta estrategia incluye ayuda financiera y técnica para las asociaciones entre empresas extranjeras y nacionales, lo que puede dar lugar —o no— a una transferencia de tecnología al sector energético mexicano.

Uno de los elementos más prometedores de la reforma energética en México es la creación del Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, que financia proyectos destinados al avance tecnológico futuro del sector. Aunque la competencia es muy intensa, este fondo ofrece numerosas oportunidades para impulsar y modernizar el sector energético en México. Esto podría constituir un mecanismo modesto para la transferencia de tecnología dentro de la industria energética mexicana.

IMP es la división de I+D de la empresa petrolera estatal mexicana, Pemex. La reforma energética de México permite a Pemex utilizar esta división para llevar a cabo las actividades de I+D necesarias para el avance tecnológico y la mejora general de las industrias relacionadas con la energía del país. Aunque no es obligatorio, esto podría suponer otra vía para canalizar la transferencia de tecnología hacia el sector energético mexicano.